La terapia del perdón. Comprendiendo la espiritualidad

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Análisis y conclusiones personales extraídas del vídeo público “Los tres ceros de la espiritualidad. Gonzalo Rodríguez-Fraile” https://www.youtube.com/live/DSSRMMQBSL0

Autor de este análisis: Vicente Lumbreras

E-mail: vicentelumbrerasm@gmail.com

Fecha: 12/03/2025

 

Título de la publicación donde está previsto incorporar estos contenidos:

LA TERAPIA DEL PERDÓN

Perdonarnos, perdonar y pedir perdón

El camino para sentir paz interior, expresar amor universal y experimentar felicidad profunda

 

Nota: este texto está desarrollado de acuerdo con los contenidos sugeridos según se analizaba el vídeo de referencia y NO constituye un resumen del mismo.

 

Del mismo modo que un mapa solo es una herramienta que nos permite comprender algunas partes de la realidad del territorio, en estos trabajos del Hub de Sabiduría Espiritual para la Vida (ver biblioteca) se pretende facilitar algunas partes de la realidad de la vida, y teniendo en cuenta que el perdón podríamos considerarlo como una de las virtudes más elevadas, voy a intentar compartir las conclusiones de mis investigaciones relacionadas con el perdón y con el sentido de nuestra vida (acceder), sin pretender en ningún momento entrar en cuestiones académicas, sino en proporcionar un modo de comprender, interpretar y relacionarnos con la realidad, interna y externa, en la que vivimos, nos movemos y existimos, es decir, en Dios (Hechos de los Apóstoles 17,28).

La percepción del tiempo cambia muchísimo de cuando estamos sufriendo a cuando estamos felices y alegres. Podríamos afirmar que cuando la vibración baja, el tiempo transcurre con una lentitud angustiosa, y cuando sube nuestra vibración, el tiempo se acelera. Por ejemplo, si estamos pasando por una experiencia con mucho dolor, cada minuto nos parece una eternidad, pero si nos estamos divirtiendo, pasando por una experiencia agradable, las horas pasan sin darnos cuenta.

El sufrimiento es la respuesta de resistencia de la mente egoica a lo que ocurre, lo que origina una reactividad basada en el miedo. Cuando entramos en el nivel espiritual, experimentamos la paz interior, la cual disuelve el sufrimiento, la resistencia y la reactividad y, por tanto, el miedo desaparece.

El ego busca la comodidad, la zona de confort, pero yo considero más apropiado denominarlo zona de confort-pereza-resignación, porque, aunque parezca confortable, ya que huye de los sobresaltos y la indeterminación del desconocimiento, salir de ella es el único camino que nos permitirá descubrir nuevos horizontes en la experiencia del alma. Y es que ninguna expedición es cómoda, pero qué sería de la humanidad si no hubiéramos salido de los límites de nuestro poblado.

El dolor es un aviso de que tenemos que prestar atención a algo de nuestro ser o de nuestro entorno, y el sufrimiento es un aviso de que no entendemos la función espiritual de ese dolor.

Deseo compartir una anécdota de cuando me operaron de una hernia inguinal. En cuanto me desperté tras la operación, mi primer pensamiento fue sobre la poca eficacia que tenían esos calmantes que me estaban suministrando a través de la aguja del gotero, pero de inmediato, en lugar de solicitar una dosis mayor de analgésicos, decidí aprovechar la oportunidad para poner a prueba mi capacidad de resistencia al dolor. Mi entrenamiento y formación durante años en artes marciales me permitió comprender la importancia relativa del dolor y la utilidad de aprender a soportarlo sin sufrir. Esta preparación previa me permitió observar este dolor, digamos que “ligeramente intenso” durante toda la noche, sin pasar por ninguna etapa de sufrimiento. Sabía que me encontraba en un entorno tranquilo y seguro, que podía avisar al personal sanitario cuando lo deseara, por lo que entendí que no había riesgo para mi salud, y la experiencia la gestioné como un entrenamiento del cuerpo, de la mente y de la voluntad. Cuando por la mañana apareció la enfermera, le comenté acerca de la poca eficacia de los analgésicos del gotero, a lo que ella, extrañada, me dijo que no habían puesto ningún analgésico, y que solo lo ponían cuando los pacientes lo solicitaban. Cuando se fue, agradecí con una sonrisa la oportunidad que me aportó la vida para entrenar mi capacidad de resistencia al dolor.

Tiempo después de esta experiencia me diagnosticaron un cáncer. Era una pequeña mancha en la planta del pie ¿y quién se mira las plantas de los pies? Pues me la miró mi hija y me dijo que si yo había visto esa mancha rara que tenía. Retorciendo todo lo que pude mi pie conseguí mirar la mancha y no le di la mayor importancia, pero mi hija insistió en que eso podría ser algo malo, por lo que fui al dermatólogo y él me confirmó que, efectivamente, era “algo malo”, y me preguntó que cómo logré ver esa mancha en la planta del pie. Yo le contesté que la vio mi hija y él me respondió que yo le di la vida a mi hija, pero que ella me la devolvió al descubrir esa mancha, ya que me podría haber llevado en muy poco tiempo a acabar mi trabajo en este mundo. En aquel momento ya estaba en un nivel de comprensión espiritual que me permitió observar y experimenté el hecho prácticamente sin inmutarme, con una aceptación de la que incluso yo mismo me sorprendí. En resumen, parece que todavía me quedan otras cosas por hacer antes de finalizar este curso escolar que llamamos vida, e intentaré aprovecharlo del modo más intenso que me sea posible.

Cuando deja de haber resistencia ante lo que ocurre, desaparece el esfuerzo, y al no haber esfuerzo contra nada, el sufrimiento desaparece absolutamente.

Hay un entrenamiento de la mente en relación con el sufrimiento y con las respuestas que podemos dar, que consiste en imaginar que estamos pasando por una situación terrible. A nivel de la mente, la experiencia es exactamente igual si se vive personalmente, si se observa o si se imagina, como consecuencia del trabajo que realizan las neuronas espejo.

Cuando desaparece la influencia del ego, ya tenemos superadas las pruebas que nos corresponden en este plano, así que podemos tomárnoslo con calma, porque me da la impresión de que a todos nos falta mucho. Sin prisa, pero sin pausa.

Podríamos decir que el sufrimiento no sirve para nada, pero también podríamos decir que el sufrimiento sirve para todo, porque si tenemos sufrimiento, nos abrimos a la oportunidad de poder superar la causa que lo produce, es decir, el sufrimiento nos ayuda tremendamente a evolucionar porque nos despierta del letargo de la ignorancia.

El sufrimiento, por tanto, nos está indicando que somos ignorantes, que todavía nos quedan cosas por aprender, y nos señala, precisamente, esas cosas. Por eso, el concepto de la compasión como el modo de compartir la pasión, el sufrimiento, de otra persona, es una forma más de expresar ignorancia, porque en esa situación es como menos podemos ayudar a la persona que está sufriendo. Sin embargo, si somos capaces de utilizar la otra definición de compasión, que es comprender la pasión de la otra persona, pero sin dejarnos llevar por su estado de sufrimiento, es ahí donde tenemos la oportunidad de poder aportar luz en su camino, ayudarla a que encuentre la solución, a avanzar por sí misma, y que consiga adquirir el mérito de superar la prueba que Dios le ha puesto en la vida.

El sufrimiento es la energía más auto limitadora que podemos tener, porque nos baja la vibración y nos impide rendir de un modo eficiente.

Una nueva perspectiva modifica la percepción y la nueva percepción modifica la experiencia.

Es evidente que evolucionar consiste en cambiar a un nivel mejor o superior del que nos encontramos previamente. Esto implica una transformación en nosotros, una transformación interior. Lo que intento aportar en este texto es la comprensión que yo tengo sobre cómo lograr esta transformación. Te invito, por tanto, a que utilices este texto como una herramienta de transformación, y para poder verificarla es necesario comprender el momento y el lugar en los que te encuentras actualmente. El mejor modo que yo conozco para ello consiste en el autoanálisis, ya que es una excelente herramienta que nos ayuda a conocernos, y no hay nada más importante en nuestro proceso evolutivo que conocernos, para poder cambiar y evolucionar a partir de este punto. Por eso, te voy a invitar a auto responderte a una serie de preguntas, y a lo largo de la lectura podrás ir analizando si se produce algún cambio en las respuestas. Estos cambios están indicando que la dirección del barco de tu vida está buscando un puerto diferente, lo que te puede hacer transitar mares distintos, experiencias distintas. Es importante que entiendas que no hay respuestas correctas o incorrectas, solo hay respuestas verdaderas para ti en este momento actual:

-        ¿Qué sentido tiene para ti haber nacido en el lugar y con la familia que te ha correspondido?

-        ¿Podrías enumerar y valorar del uno al diez la importancia de lo que consideres relevante que has hecho en tu vida en relación con tu familia hasta este momento y por qué?

-        ¿Podrías enumerar y valorar del uno al diez la importancia de lo que consideres relevante que has hecho en tu vida fuera de tu entorno familiar hasta este momento y por qué?

-        ¿Podrías enumerar y valorar del uno al diez la importancia que das a los resultados en el cumplimiento de tus principales deseos, objetivos y proyectos?

-        ¿Puedes escribir, por orden de prioridad, las tres cosas más importantes que consideras que deberías atender actualmente en tu vida?

-        ¿Crees que todo lo que ocurre es por casualidad o que hay algún plan que gestiona la Creación con algún tipo de finalidad? ¿En qué te basas para creerlo? ¿Qué consecuencias supone esta creencia para tu forma de entender y experimentar la vida?

-        ¿Qué entiendes por justicia en la vida?

-        ¿Crees que podrías hacer algo mejor con tu vida de lo que estás haciendo actualmente? ¿Qué podría ser? ¿Qué cambios crees que podrían suponer para ti? ¿Qué cambios crees que podrían suponer para otras personas?

-        Escribe una lista con las cosas que consideras que son imperdonables.

Si crees que existe una energía creadora que podríamos llamar Dios o de cualquier otro modo…

-        ¿Tendría que ser absoluto y perfecto en todas sus cualidades desde nuestro punto de vista?

-        ¿Tendría que haber tenido alguna finalidad haber creado el universo? 

Si nuestra propia mente y nuestros sentidos nos producen agrado ante determinadas cosas y rechazo ante otras…

-        ¿Es posible que esto tenga alguna finalidad de guiarnos en alguna dirección?

-        ¿Qué dirección podría ser esa? 

Muchas veces se pierde gran cantidad de tiempo y esfuerzo en discutir sobre los problemas y los culpables, cuando el esfuerzo debería estar enfocado en buscar las soluciones y ponerlas en práctica.

Aunque hay diferentes análisis y explicaciones de la estructura del cerebro, vamos a utilizar un modelo que tiene la única finalidad de comprender los procesos evolutivos, por lo que algunos de los datos que aquí se aportan pueden ser ampliamente discutidos por especialistas en el tema, principalmente porque entre ellos no se ponen de acuerdo, ya que la clasificación cerrada no se puede ajustar a la realidad de la Creación, que es progresiva e infinita. A los efectos de este trabajo podríamos decir que los procesos de los seres del reino animal están gestionados por las diferentes partes de las que se compone el cerebro, añadiéndose las diferentes capas de acuerdo al nivel evolutivo de cada grupo, es decir, que cada grupo incluye las partes cerebrales de los grupos más primitivos, por lo que podemos verificar que la evolución incluye todo lo anterior, pero lo supera, aprovechando lo que pueda ser útil en cada nueva etapa, y controlando y superando lo que ya no es necesario. San Pablo, en su primera carta a los Corintios 13:11-13, nos está dando pistas al respecto (“cuando era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; más cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño”).

Las partes en las que podemos dividir las funciones y actividades de nuestra realidad son:

-        Nivel físico. Gestión de los procesos automáticos e inconscientes. Los procesos instintivos y reactivos (e-mociones, vinculadas al movimiento y que solo pueden durar un máximo de dos minutos) se desarrollan en este nivel y están enfocados en la supervivencia, gestionando las emociones, que esencialmente son de atracción o repulsión, instinto sexual, social y de conservación, y que incluyen los procesos reactivos y automáticos generados por el miedo (lucha o huida). Todas estas reacciones no pasan por procesos de pensamiento.

-        Nivel mental. Gestión de los procesos conscientes (pensamientos y sentimientos), los procesos mentales y senti-mentales, donde intervienen, no solamente las condiciones externas, sino que existe un proceso interno de comprensión e interpretación de la información captada. Gestiona los procesos de razonamiento, creativos, abstractos y complejos y culmina en el cariño.

-        Nivel espiritual. Parte inmortal de nuestra esencia, que se puede expresar conscientemente en los planos encarnado y desencarnado cuando se han superado las limitaciones de los niveles físico y mental. En este nivel consideraremos que se encuentran todas las cualidades que no desaparecen con la muerte del cuerpo físico, entre las que destacan el archivo de la conciencia, el amor y la sabiduría.

Analizado todo lo anterior, se puede entender que la primera respuesta que sale de nosotros ante cualquier experiencia confrontante parte de nuestro nivel instintivo, debido a su gran velocidad de reacción, pero en el nivel mental podemos controlar esa respuesta mediante la comprensión cuando se analiza racionalmente la situación, y en el nivel espiritual podemos controlarlos mediante la compasión, si mantenemos adecuadamente alto el nivel de conciencia amorosa.

Gracias al aprendizaje e integración de los valores espirituales, es decir, la comprensión espiritual, y las experiencias confrontantes por las que pasamos, tenemos la oportunidad de poder aprender a conocernos más en profundidad y gestionar las experiencias de un modo cada vez más eficiente, llegando un momento en el que no existe respuesta reactiva por parte del cuerpo físico que haya que controlar.

Las herramientas de la evolución. La aceptación y la gratitud son las grandes herramientas que nos permiten evolucionar. La aceptación es la respuesta a la comprensión de que la realidad siempre es como tiene que ser y nos permite salir de los procesos de rechazo. La gratitud es la respuesta a la comprensión de que esta realidad es la mejor oportunidad, la mejor escuela, para evolucionar en las cualidades del alma inmortal: poder, amor y sabiduría, y nos permite salir de los procesos de miedo. Así, con estas herramientas conseguimos superar el rechazo y el miedo, que son los causantes de toda forma de sufrimiento.

Toda experiencia tiene su utilidad. Las experiencias agradables nos ayudan a experimentar la felicidad; las desagradables nos enseñan a superar cada reto. Cada vez que lo intentamos, nos acercamos más a la meta y nos hacemos más fuertes, al desarrollar nuestro coraje para crecer ante las derrotas; nos hacemos más sabios, al aprender de las experiencias; y nos hacemos más humildes, al comprender que todos nos podemos equivocar.

Hay personas que se sienten mal, que se sienten frustradas, decepcionadas con ellas mismas, porque descubren sus defectos y, sin embargo, descubrir cada uno de nuestros defectos es una noticia excelente, porque marca el inicio del proceso de superación y evolución de ellos. Es imposible superar conscientemente un defecto si no lo conocemos. Evidentemente, este es solo el primer paso en un camino que nos llevará a la transformación interior y donde solamente hay un protagonista, y eres tú, y soy yo, porque todos tenemos el libre albedrío para poder tomar decisiones que nos permitan nuestra transformación y nuestra evolución. Y como en todo viaje, es importante saber dónde queremos ir y cómo vamos a lograr llegar. En el caso de la superación de defectos, ya hemos visto que el primer paso es reconocerlos. El hecho de reconocerlos ya nos está dando pistas de cuál sería la transformación a la que queremos aspirar, el destino de nuestro viaje, el modo en que queremos transformarnos. Conociendo ya dónde estamos y dónde queremos ir, solo queda definir el camino a seguir, cómo lo vamos a hacer, por dónde vamos a pasar, y este es el elemento crucial que va a marcar el éxito a lo largo de todo el proceso, ya que requiere un análisis constante para evitar desviarnos del camino que va hasta nuestro objetivo, es el mapa donde marcaremos las metas parciales, es decir, qué objetivos deseo ir alcanzando (qué y cuándo principalmente), y el itinerario, el cómo lo voy a hacer, todo ello dirigido por la voluntad, que es el volante del vehículo de nuestra vida y es la que da continuidad, insistencia y persistencia a todas nuestras decisiones.

Los procesos reactivos no se controlan de forma instantánea por el simple hecho de comprender cuál es el camino correcto. Son hábitos que hemos tenido arraigados durante mucho tiempo, y ante un determinado estímulo, la respuesta automática seguirá apareciendo, pero si mantenemos la consciencia de lo que está ocurriendo podremos regular la energía que emitimos, controlaremos la situación cada vez más rápidamente, y llegará un momento en el que la reacción solamente intente manifestarse, pero la controlaremos desde el mismo inicio, y finalmente, a través de esta práctica consciente, la reacción desaparecerá. Pero es necesario que pasemos por las experiencias para poder entrenar nuestros procesos de control de estas reacciones que deseamos corregir ya que, como he comentado, la teoría no es suficiente.

La evolución espiritual se apoya en el desarrollo de tres capacidades:

-        La información correcta.

-        La puesta en práctica de esta información.

-        La gestión de la energía en el proceso.

Cada segundo de nuestra experiencia encarnada es una oportunidad de evolución. Cuando se entra en la creencia de que, como ya somos adolescentes, como ya somos adultos, como ya somos ancianos, ya no tenemos nada más que aprender, estamos cometiendo un error de soberbia que tendremos que compensar repitiendo las experiencias que no hayamos querido o sabido aprender, una y otra vez, y de forma progresivamente más intensa, hasta lograr adquirir el aprendizaje que la vida nos estaba ofreciendo.

Los verdaderos atajos en la evolución del ser humano son los atajos espirituales, la comprensión, sabia y amorosa, del pasado, del presente y del futuro de nuestra alma.

En toda acción amorosa, la persona que más se beneficia es la que entrega ese amor.

Cada persona tiene sus momentos y sus circunstancias que poder aprovechar y entrar en su proceso de desarrollo espiritual. Por eso, es muy importante respetar los caminos, tender la mano siempre que surja la oportunidad, pero nunca obligar.

Cuando queremos ser serviciales, debemos entender que solo podemos dar de lo que tenemos, y si estamos agotados físicamente, mentalmente, económicamente, etc., es evidente que no podremos dar lo mejor de nosotros mismos, de hecho, es muy probable que por muy buenas intenciones que podamos tener, si no disponemos de la energía adecuada, es muy probable que, en lugar de ayudar, consigamos entorpecer. Por todo ello, podemos comprender lo importante que es ser conscientes de las capacidades que disponemos en cada momento para poder ayudarnos y ayudar a otras personas de un modo adecuado.

El mejor servicio que podemos dar comienza por nosotros mismos.

Cada vez que actuamos alineados con la voluntad de Dios haremos el bien en todo momento y lugar, y muchas personas saldrán beneficiadas de ello, pero quienes más se beneficiarán seremos nosotros.

Cuando una información nos parece importante, nos aferramos a ella y queremos extraer el máximo aprovechamiento.

 

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