La Terapia del Perdón. La visión espiritual de la vida
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Análisis y conclusiones personales
extraídas del vídeo público “Cambiamos la mirada de lo humano a lo
divino, Cristian Argüello”
https://youtu.be/LBH456s9qX8
Autor de este análisis: Vicente
Lumbreras
E-mail:
vicentelumbrerasm@gmail.com
Fecha: 31/03/2025
Título de la publicación donde
está previsto incorporar estos contenidos:
Perdonarnos,
perdonar y pedir perdón
El
camino para sentir paz interior, expresar amor universal y experimentar
felicidad profunda
Nota: este texto está desarrollado de acuerdo con los
contenidos sugeridos según se analizaba el vídeo de referencia y NO constituye
un resumen del mismo.
Las tres cosas esenciales para las que
venimos a este mundo son:
-
Aprender a mantener la paz interior.
-
Aprender a expresar el amor universal.
-
Aprender a ser felices.
Toda la Creación estamos en un proceso
de evolución, cada cual en el que le corresponde, por lo que carece de sentido
comparar, una con la otra, las experiencias por las que pasa cada uno de los
seres, cada persona, cada animal, etc.
Desde la ignorancia hasta la
sabiduría, nuestra terquedad nos hace sufrir, hasta el momento en el que
tomamos la decisión de evolucionar. De ahí viene la frase que dice que el
sufrimiento es el precio que pagamos por el crecimiento. Y de aquí también podemos
deducir que toda forma de sufrimiento es una lección y una bendición que aporta
la vida, tanto para las personas que lo experimentan como para las que lo
observan, pero que la experimentamos en forma de sufrimiento porque no la
entendemos todavía. Las lecciones siempre están disponibles para quien está en
condiciones de aprovecharlas.
Cada persona tiene su verdad, pero
nadie tiene la verdad absoluta, porque la verdad es un camino, no es una meta.
La evolución consiste en que, solo por
hoy, podamos lograr mejorar, aunque solo sea en una mínima parte. Todo lo que
podamos evolucionar hoy es una semilla de luz plantada en el jardín de nuestra
alma inmortal.
La madurez del cuerpo es una
oportunidad para desarrollar la madurez del alma. Pero nuestra evolución no se
logra por que pasen los años, sino porque aprendamos, experimentemos,
verifiquemos y evolucionemos a lo largo de esos años.
Todas las experiencias con las que
experimentamos sufrimiento son oportunidades de aprendizaje para observar la
realidad desde un punto de vista diferente, para comprender las lecciones que
nos aporta, para entender que siempre es posible superar las experiencias desde
el nivel amoroso del alma.
Todas las personas tenemos un destino
evolutivo con un programa de oportunidades para desarrollar las potencialidades
de nuestra alma a lo largo de la vida encarnada, y según vamos alcanzando
objetivos, éstos se convierten en herramientas de vida que poder emplear para
experimentar la paz interior, expresar el amor y la sabiduría y sentir la
felicidad, mostrando nuestra forma de ser en la vida y siendo ejemplo que otras
personas puedan aprovechar, si lo desean.
Las experiencias por las que cada
persona pasa son trascendentes solo en la medida de las enseñanzas que aportan,
tanto a la propia persona como a otras que puedan ser inspiradas por su buen o
mal ejemplo. Así, una persona que manifiesta un comportamiento no deseado puede
aportar una enseñanza de cómo no actuar, lo que nos lleva a comprender que no
es la información ni el ejemplo de los demás lo que nos modela, sino el
aprovechamiento, más o menos acertado, que hacemos de ellos.
Las experiencias de miedo intenso y de
miedo acumulado en el tiempo generan unas respuestas psicosomáticas que
provocan enfermedades de diversa consideración, y que incluso pueden llegar a
provocar la muerte. Un claro ejemplo de ello fue la pandemia del covid, donde
el miedo agravó muchas patologías en personas vulnerables.
El sufrimiento es la respuesta al
desconocimiento del sentido de lo que ocurre, del objetivo que tiene la
realidad en nuestro proceso evolutivo.
Solo podemos dar de lo que tenemos,
sólo podemos enseñar de lo que hemos aprendido, sólo podemos ayudar con las
capacidades que hemos logrado para nosotros mismos previamente. Amémonos y
podremos amar a los demás. Cuidémonos y podremos cuidar a los demás.
Formamos parte de una misma unidad, y
cuando hacemos daño, nos hacemos daño a nosotros mismos, y cuando ayudamos, a
nosotros nos estamos ayudando.
“Si los malos supieran el buen negocio
que es ser bueno, serían buenos, aunque sólo fuera por negocio” (Facundo
Cabral)
En “La vida es sueño”, de Pedro
Calderón de la Barca, el autor trata sobre la dualidad entre el libre albedrío
y el destino, y entre la experiencia despiertos y el sueño.
Estamos de visita en esta experiencia
encarnada, experimentamos un curso escolar muy breve en comparación con la
experiencia infinita de nuestra alma inmortal.
Vivir entre lo humano y lo divino es
experimentar la magia de la escuela de la vida sabiendo que somos almas
inmortales.
La constancia es el camino que lleva a
la excelencia. Mantener una disciplina de alimentación nos dará salud, una
disciplina de ejercicio físico nos mantendrá fuertes, rápidos, resistentes y
flexibles, una disciplina de estudio nos librará de la ignorancia, una
disciplina de paz interior y amor universal nos mantendrá felices y nos
permitirá alcanzar nuestro destino y cumplir nuestras misiones.
La espiritualidad es una cuestión
simple, y todo lo que la compliquemos solo logrará enredarnos en disquisiciones
filosóficas, religiosas o conceptuales que son entretenimientos de la mente que
nunca llevan al objetivo deseado. La espiritualidad es una forma de vivir, no
una manera de hablar; es una forma de relacionarnos con nosotros mismos y con
todo lo exterior, aprendiendo constantemente a mejorar en paz interior y en
amor, no es la creencia de que estamos evolucionando por el simple hecho de
reunirnos con personas que puedan estar hablando constantemente de
espiritualidad. El autoconocimiento nos abrirá las puertas al
perfeccionamiento, y seguir ese camino es lo único que realmente nos permite
evolucionar. El autoconocimiento es consecuencia de la autoobservación, a
través de la cual nos hacemos conscientes de nuestras luces y de nuestras
sombras y dejamos a un lado la reactividad, transformándolos de un modo
consciente cada vez en seres más luminosos, pacíficos, amorosos y felices.
El tomar consciencia de nuestras
sombras, de nuestras tendencias que entendemos mejorables, de nuestros errores,
de nuestras reacciones automáticas, inconscientes, egoístas, de nuestras
respuestas de ira, de envidia, de miedo, al tomar consciencia de cada una de
ellas, tenemos la oportunidad de analizarlas de un modo amoroso, comprensivo,
abrazarlas con la luz de nuestra compasión, al comprender que si esas actitudes
las observáramos en otras personas, las valoraríamos como erróneas, y este
ejercicio nos facilita el autoconocimiento más objetivo, sin justificaciones,
sin excusas, porque nuestro nivel espiritual humano entiende la diferencia
entre el bien y el mal, somos hijos de Adán y Eva, y hemos alcanzado el
conocimiento del bien y del mal. Esta es una maravillosa noticia, porque solo a
través de él salimos del nivel instintivo de los animales, incorporando el
libre albedrío, que es la cualidad que nos hace realmente humanos. Y
disponiendo de esta capacidad, tenemos la oportunidad de poder transformarnos, cambiar
nuestro punto de vista, nuestras formas de comprensión y nuestras respuestas.
El proceso implica un gran mérito,
porque es difícil, ya que la primera respuesta es la del juicio, un modelo muy
simple para definir lo conveniente y lo no conveniente, por lo que nos
convertimos en jueces ante los demás y ante nosotros mismos, y nos sentimos
inocentes justificándolo todo, o nos sentimos culpables cuando no tenemos una
excusa que poder aportarnos. Pero vamos aprendiendo, la vida nos enseña y nos
da la oportunidad de tomar esas decisiones transformadoras, y una de las más
importantes es erradicar el juicio de nuestras vidas, sustituyéndolo por la
evaluación, un proceso en el que ya no existe la culpa, sino la comprensión de
las respuestas de la vida, el aprendizaje y el cambio interno que permitirá
respuestas diferentes, que cambiará nuestra experiencia, nuestra vida.
El sufrimiento es la respuesta interna
de no aceptar la realidad tal como es, es la resistencia mental a lo que
ocurre, y no cambia en absoluto esta realidad, pero nos limita tremendamente en
nuestras capacidades. Es, por tanto, inútil para resolver los problemas, pero
tremendamente útil para darnos cuenta de todo lo que necesitamos cambiar en
nuestra forma de entender y de relacionarnos con la realidad. Cuando aceptamos
la realidad, el sufrimiento se diluye, desaparece, y nos quedamos en la mejor
disposición de poder resolver todos los problemas, circunstancias y situaciones
que se nos presentan en la vida. Cuando nos resistimos es por ignorancia. Pero
para salir de la ignorancia es necesario un esfuerzo, y nuestra tendencia a
mantenernos en nuestra zona de confort-pereza-resignación nos hace que
analicemos cada esfuerzo a realizar de un modo muy serio, y que lo rechacemos
siempre que sea posible, es decir, “¿para qué estar en pie si puedo estar
sentado? ¿para qué estar sentado si puedo estar tumbado?” Pero esta actitud es
evidente que jamás nos permitirá progresar ni evolucionar en ninguno de los
aspectos de la vida, ni en lo material, ni en lo intelectual, ni en lo
espiritual.
Cuando nos quedamos en el ritmo de
sufrimiento, automáticamente surge en nosotros el victimismo, que es el modo en
que nuestro ego busca la culpa fuera de nosotros. Y siempre acaba
encontrándola, y la culpa la tienen nuestros padres, nuestros hijos, nuestros
jefes, nuestros empleados, la sociedad, la educación, los políticos, las
religiones, y así hasta el infinito, hasta llegar a Dios, que es la sabiduría
infinita que permite que todo esto ocurra. Pero si cambiamos nuestra forma de
ver la experiencia, si comprendemos que la comprensión de la enseñanza que nos
muestra la vida es una oportunidad de aprendizaje, de evolución, nuestra
actitud cambia totalmente, y con ella también cambia el modo de percibir y
comprender la experiencia. Por supuesto que, si la situación es desagradable,
sería absurdo pretender tener una actitud de gozo, pero esta comprensión nos
permite estar atentos para poder dar lo mejor de nosotros mismos y aprovechar
al máximo las enseñanzas que aporta la experiencia.
Las experiencias confrontantes,
desagradables, difíciles, pueden tener dos finalidades, enseñanza o examen, al
igual que ocurre en el colegio, y cuando hemos aprobado el examen de esa
experiencia de la vida, las siguientes ocasiones en las que se presenten estas
experiencias ya no las denominaremos como confrontantes o difíciles, porque ya
sabemos superarlas, y el aprendizaje obtenido será una herramienta, una
capacidad, que podremos utilizar para poder sacar el máximo rendimiento y
también para poder mostrar a otras personas cómo poderlas superar.
La verdad que conocemos y
experimentamos es y será siempre una parte más o menos limitada de la verdad
absoluta, puesto que la verdad absoluta solo la conoce Dios, y nosotros estamos
avanzando en ese camino infinito que lleva hacia este conocimiento, hacia esta
aproximación a Dios.
“Las noches oscuras del alma, en
realidad son las noches oscuras del ego” (Cristian Argüello)
Cuando entendemos que la realidad es
una enseñanza, no algo que tengamos que controlar ni ser controlados por ella,
que no tenemos que controlar ni ser controlados por nuestra pareja, nuestros
hijos, nuestro trabajo, nuestro entorno social, ni siquiera por los sucesos que
se manifiestan en nosotros ni a nuestro alrededor, cuando nos hacemos
conscientes de ello y logramos liberarnos de todos los condicionamientos y
limitaciones que estábamos acarreando a lo largo de nuestra vida, esta
liberación nos llena de inmensa paz interior y nos permite avanzar rápidamente
por el camino de la verdad y la felicidad a través de la comprensión y la
adquisición de verdadera sabiduría.
La vida es simple y sencilla, consiste
en ir aprendiendo las enseñanzas del alma que se nos van presentando a través
de la experiencia diaria, y todos los demás datos que no nos sirven para este
propósito sólo son curiosidades que no tienen verdadera utilidad. Y cuando nos
dedicamos a mirar hacia fuera, a observar los comportamientos ajenos y nos
dedicamos a juzgar y criticar, solo estamos demostrando que todavía no hemos
encontrado el camino de la evolución, que tendremos que pasar por otra noche
oscura del alma, donde tendremos que observar detenidamente a nuestro ego que
nos domina y, agradeciéndole el servicio prestado, lo pondremos detrás de
nuestra consciencia y de nuestra voluntad, permitiéndonos con ello avanzar por
el verdadero camino de la luz.
Cada persona está experimentando su
propio proceso evolutivo, y las relaciones que tenemos con los demás permiten
evolucionar, tanto nosotros como las demás personas, siempre de acuerdo con el
aprovechamiento que cada cual extraiga, con la transformación que logre, con la
evolución que alcance. Y la sabiduría infinita de Dios nos permite
relacionarnos con las personas que necesitamos en cada momento para darnos
oportunidades de poder lograr esta evolución. Pero todos somos libres de
aprovechar, ignorar o rechazar las enseñanzas, por lo que podemos comprender
que todo tipo de expectativa en relación con las demás personas, e incluso con
nosotros mismos, no deja de ser sino un lastre que nos dificultará experimentar
la paz interior, ya que toda expectativa conlleva una posible desilusión que,
en la mayoría de los casos, la solución no está en nuestras manos.
Cada vez que una persona se expresa,
está mostrando una parte de la realidad que vive en su interior. Es imposible
expresar paz cuando en nuestro interior hay conflicto, y es absurdo expresar
conflicto cuando en nuestro interior hay paz.
Podemos afirmar que 100% de felicidad
tiene como requisitos 100% de paz interior y 100% de asumir nuestra propia
responsabilidad, lo cual permitirá expresar al 100% nuestro nivel de amor
universal y sentir 0% de sufrimiento.
Toda experiencia que nos presenta la
vida es una oportunidad que nos permite evolucionar, pero para ello es
necesario entender, de lo contrario rechazaremos la experiencia, sufriremos y
nos será imposible aprender de ella, al menos en ese momento. Pero si pasado el
proceso de sufrimiento volvemos a analizarla desde un punto de vista amoroso y de
aprendizaje, tendremos la maravillosa oportunidad de poder aprovechar esa
experiencia para cumplir el propósito para el que nos fue enviada.
Si entendemos que todos los seres
humanos estamos aprendiendo en esta escuela de la vida, desde el nivel físico y
desde el nivel mental podremos deducir rápidamente que es lógico que este mundo
sea un caos. Pero si lo observamos desde el nivel espiritual, podremos
comprender que todo lo que ocurre está autorizado por la Fuente Creadora, por
Dios y, por tanto, todo es perfecto y necesario para cumplir con los propósitos
educativos y evolutivos para los que hemos venido a esta experiencia encarnada.
Desde el punto de vista del ego, de
los niveles físico y mental, valoramos como malo o como bueno, pero desde el
punto de vista del nivel espiritual podemos comprender todas las respuestas y
reacciones como de ignorancia o de sabiduría. Observamos de diferente manera
porque estamos en diferente nivel, a diferente altura en la comprensión de la
realidad. Pero, como todo es progresivo, el paso de la ignorancia a la
sabiduría tiene un escalón intermedio, la estupidez. Cuando se actúa de forma
incorrecta sin disponer de conocimiento estamos hablando de ignorancia, pero
cuando actuamos de este modo teniendo el conocimiento, eso es estupidez que,
expresado en otras palabras, es la falta de comprensión, integración y
aprovechamiento del conocimiento adquirido. Y puedo afirmar con rotundidad que
esto de la estupidez lo he vivido en mis propias carnes, porque yo he sido
estúpido y hago todo lo posible por dejar de serlo, y me atrevo a decir que todas
las personas tenemos que pasar por el nivel de estupidez, porque de la
ignorancia a la sabiduría es necesario digerir la información nueva, una
información que la hemos aprendido pero no comprendido e integrado todavía, por
lo que sí, todas las personas tenemos mayor o menor grado de estupidez en toda
aquella información adquirida pero no puesta en práctica. Pero ¿quién no
tropieza varias veces con la misma piedra? Y esto ocurre porque la experiencia
va influyendo en nuestro proceso evolutivo, pero no nos puede determinar, no
nos puede cambiar, ya que el cambio siempre es decisión propia. El cambio
siempre es una elección personal, por lo que también es el mérito con el que
ganamos la evolución.
Nadie es el dueño de la verdad
absoluta, solo disponemos de destellos de la luz infinita de Dios, que también
podemos denominarla verdad absoluta. Y según vamos adquiriendo mayores niveles
de verdad, iremos adquiriendo mayor libertad, porque puedo testificar que la
verdad me hace libre, y estoy convencido de que es la puerta de la libertad de
toda la Creación.
Cuando comenzamos a adquirir
consciencia de nuestro destino en el plano encarnado y de la trascendencia que
supondrá tras la desencarnación, tenemos la oportunidad de comenzar a analizar
la vida de un modo científico, comprobando, verificando toda la información que
nos llega, todas las conclusiones que sacamos de nuestras experiencias, e
iremos adquiriendo verdadera sabiduría, paso a paso, que nos permitirá
experimentar los procesos internos transformadores que es, precisamente, para
lo que estamos en este plano encarnado.
Nuestro nivel físico nos aporta
experiencias y emociones, nuestro nivel mental nos aporta pensamientos y
sentimientos y nuestro nivel espiritual nos aporta felicidad profunda. Pero
esto es la respuesta, la compensación que nos da la vida a nuestro trabajo, a
nuestra evolución, una evolución basada en mejorar, tanto a nivel interno como
externo, el entorno físico, el mental y el espiritual. Porque hay que
comprender que nuestro desarrollo y nuestra evolución solamente son eficientes
si se manifiestan en todos nuestros niveles de realidad, en caso contrario se
producen desequilibrios que impiden o dificultan el avance. Por ejemplo, si
intentamos desarrollarnos, pero no atendemos a nuestras necesidades físicas, caeremos
enfermos; si no nos desarrollamos en el nivel mental, seremos ignorantes; y si
no evolucionamos en el nivel espiritual, seremos esclavos del miedo a la
muerte, que es de donde parte toda forma o expresión de miedo.
Repetir lo que otras personas dijeron
o hicieron es el primer paso para poder aprender rápidamente de las enseñanzas
que nos aportan los demás, pero es solo el primero, y hay un momento en que hay
que seguir el camino en solitario. Recuerda, cuando dos personas piensan
exactamente igual es porque una de ellas no piensa. Por eso, los siguientes
pasos consisten en la integración de estos mensajes y ejemplos que nos dieron,
y en la aportación a la vida de nuestro legado personal. Repetir es fácil, y
por eso hay pocas personas que se atreven a dar el paso de pensar por sí
mismas, pero cuando tomamos la decisión de hacerlo, entramos en el camino que
han seguido todas aquellas personas que han contribuido a transformar el mundo.
Pero recordemos que lo esencial que nos corresponde en relación con la
transformación del mundo es transformarnos a nosotros mismos, transformar
nuestro propio mundo. Porque una cosa es inspirar y otra cosa es interferir.
Podemos mostrar el camino que a nosotros nos funciona, pero es una falta de
respeto y una falta de sabiduría por nuestra parte pretender o exigir que otras
personas sigan los pasos que nosotros les pretendamos imponer.
Para resolver las cuestiones que nos
plantea la vida es mejor conocer, en caso contrario nuestras respuestas siempre
serán peores. Las cuestiones principales que plantea la filosofía de todas las
épocas son, de dónde venimos, qué hacemos aquí y hacia dónde vamos, y las tres
respuestas a estas preguntas están íntimamente influenciadas por la verdad
verificada miles de veces de que somos almas inmortales que vinimos a
experimentar y aprender en la vida encarnada, y que continuaremos viviendo
cuando este cuerpo físico prestado ya deje de ser necesario para nuestra
experiencia y aprendizaje. Para conocer la vida hay que conocer la muerte, para
saber vivir hay que saber morir.
Desde nuestra ignorancia podemos
entender que todo lo que nos hace sufrir en la vida es un castigo de Dios, pero
Dios solo crea la vida y las leyes divinas, que son perfectas para facilitarnos
la evolución, y Dios permite que tengamos libre albedrío para poder experimentar
y aprender a aprovechar esas leyes, porque dicho aprovechamiento es el que
logra que podamos desarrollarnos en amor, sabiduría y felicidad. Por tanto,
entendiendo el libre albedrío podemos comprender que somos nosotros los que
creamos nuestro infierno o nuestro cielo, nuestras experiencias de sufrimiento
o felicidad. Y el camino consiste en aprender, en cambiar la información de
ignorancia por otra de sabiduría, lo cual nos permitirá cambiar el punto de
vista, el modo de entender una realidad que en unos casos la valoramos como una
tragedia y en otros, esa misma realidad la podemos comprender como una gran
enseñanza. Esta transformación interior requiere de un esfuerzo, el esfuerzo de
tomar consciencia de nuestra realidad, de cómo somos, cómo pensamos, cómo
sentimos, cómo nos comportamos, tomar consciencia de en qué punto de la vida,
de la evolución, nos encontramos y en qué cualidades deseamos mejorar,
transformarnos, evolucionar. Y esta evolución se puede resumir de un modo muy
sencillo, que es ir aprendiendo a transmutar el miedo en amor, lo cual solo es
posible cuando conocemos nuestros miedos, nuestros rechazos, todo aquello a lo
que nos enfrentamos, todo aquello de lo que huimos y, tras conocerlo, lo
abrazamos y lo iluminamos, lo comprendemos y lo dejamos ir, llenando el hueco
que quedó con información un poco más sabia, un poco más amorosa, y sabiendo
que un día, esta nueva información también habrá de ser abandonada y sustituida
por otra más elevada. Pero eso ocurrirá en su momento, al que llegaremos cuando
estemos preparados.
Las experiencias realmente no son
buenas o malas, siempre son perfectas y necesarias para facilitar la evolución,
y cuando somos capaces de aceptar estas experiencias y aprender de ellas, el
sufrimiento desaparece, lo cual es la gran enseñanza de vida que podemos
aprovechar y poner en práctica en todo momento y lugar, y muy especialmente si
entendemos que todo lo que ocurre y todo lo que nos ocurre forma parte de un
acuerdo previo que permitió diseñar el mapa
de nuestra vida, donde poder tener oportunidades de aprendizaje y
evolución, que siempre podremos elegir si las rechazamos o las aceptamos, si
sufrimos o sí aprendemos. Es nuestra libertad, es nuestra responsabilidad, es
nuestro mérito y son nuestros resultados.
Cuando no queremos, no sabemos o no
nos atrevemos a pensar, las ideas ajenas son perfectas. Ya sea en religión, en
política o en cualquier otra rama del entendimiento humano, las ideas ajenas
nos evitan el trabajo de tener que buscar. Pero si no buscamos, jamás tendremos
el mérito de encontrar. Y, sin embargo, cuando nos comprometemos en el proceso
del aprendizaje y el descubrimiento, podremos aprovechar las ideas ajenas, pero
no nos las creeremos ciegamente, sino que las analizaremos, las valoraremos,
las seleccionaremos, y aprovecharemos y desecharemos las que en conciencia
consideremos.
Los libros aportan información, pero
no necesariamente, ni correcta, ni sabía. De nosotros depende decidir qué
flores del jardín elegimos para adornar nuestra vida. A Krishnamurti le
preguntaron una vez si creía que había información importante en los llamados
libros sagrados, a lo que respondió que quizá algo de información histórica,
pero que la verdad solo la podremos descubrir en nuestro interior. Esto me hizo
pensar, como cualquier otra información confrontante que me llega, y entendí
que de poco sirve la información de libros, conferencias o experiencias si no
la pasamos por ese proceso de análisis, verificación e integración que nos
permita alcanzar una transformación que nos haga ser un poco mejores cada vez.
Por todo ello, mi camino es el de no creer nada a priori hasta no poderlo
verificar. Así nos lo han transmitido todos los grandes maestros de la
humanidad, así lo pongo en práctica.
Nuestras creencias marcan de un modo
fundamental la forma en que experimentamos la realidad, tanto durante la vida
encarnada como después de ella, y por eso es tan importante el conocimiento de
las tres preguntas fundamentales de la filosofía:
-
¿De dónde venimos?
-
¿Cuál es el sentido de la vida?
-
¿Qué pasa después de la muerte del cuerpo físico?
El infierno y el cielo son conceptos
que pretenden expresar el nivel de conciencia en el que nos
encontramos en cada momento. En el plano encarnado podemos cambiar rápidamente
estos niveles, podemos pasar del infierno al cielo y viceversa muy rápidamente,
y permaneceremos más tiempo en el infierno cuando más bajo sea nuestro nivel de
conciencia. Pero en el plano desencarnado, el nivel vibratorio en el que nos
encontramos es mucho más estable, y quién se queda vibrando en “modo infierno”
es muy difícil que salga de él, y por eso, los espíritus ignorantes se
reencarnan mucho más rápidamente, para poder pasar por experiencias encarnadas
que les permitan aprender a vibrar más elevado en el nivel de la conciencia. De
aquí podemos deducir varias cuestiones:
-
Que el plano encarnado es una escuela para los espíritus que les
permite elevar su nivel de conciencia.
-
Que, si nos mantenemos durante nuestra encarnación en niveles
vibratorios bajos, esto que hemos denominado infierno, al pasar al plano
desencarnado nos quedaremos estancados en ese nivel vibratorio.
-
Que son nuestros procesos automáticos o inconscientes los que nos
impulsan a pensar, sentir y actuar en el modo de vibración bajo, y que nuestros
procesos conscientes son los que nos permiten tomar decisiones para elevar
nuestra vibración, nuestra conciencia, es decir, necesitamos desarrollar
la consciencia para elevar la conciencia.
Desde el nivel de consciencia bajo nos
mantenemos en la vibración del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, vamos
juzgando todo como bueno o como malo, lo que nos facilita ir adquiriendo
sabiduría progresivamente, a pesar de nuestras equivocaciones. Y cuando estamos
preparados para comprender el verdadero sentido de la vida, ya no necesitamos
ese modelo de enseñanza y podemos alimentarnos del Árbol de la Vida, ese árbol
del que, al comer de él, viviremos para siempre (La Biblia, Génesis 3:22), lo
que significa que entramos en un nivel de comprensión espiritual totalmente
diferente, que entendemos la experiencia de la vida como una escuela, que el
bien y el mal dejan de tener sentido en nuestro proceso evolutivo, que
comprendemos que todo es perfecto y necesario para nuestra evolución, que
agradecemos todas las experiencias, todos los procesos, todas las penas y todas
las alegrías, porque con las unas aprendemos y con las otras disfrutamos, y que
ese conocimiento lo guardaremos para siempre en el archivo de nuestra alma
inmortal.
Desde el nivel del Árbol de la Vida ya
no juzgamos, pero sí evaluamos, y la diferencia radica en que ya no hay culpa,
ya no hay condena, ni para nosotros mismos ni para los demás. Desde el nivel de
la evaluación solo hay aprendizaje, y esto solo es posible porque tenemos libre
albedrío, porque tenemos la libertad para poder elegir el camino que deseemos.
Y nos podemos equivocar, porque es lógico equivocarse cuando no conocemos, pero
esas equivocaciones son las grandes oportunidades de aprendizaje que nos aporta
la experiencia de la vida, de modo que podemos hacer como el hijo pródigo de la
parábola del Evangelio (Lucas, 15:11-32), porque después de la equivocación, la
Divinidad Suprema siempre tiene abiertos sus brazos para acogernos. Porque no
puede ser de otra manera, porque sería absurdo que Dios nos diese el libre
albedrío y la ignorancia y después nos castigase por haber cometido los errores
que son necesarios para poder adquirir sabiduría.
Pero Dios, en su conocimiento supremo,
además de darnos la libertad, también permite las consecuencias de los errores
que cometemos, y son ambas cosas las que nos permiten aprender y evolucionar.
Observemos que cuando somos capaces de aprender de fuentes externas, ya no
necesitamos las experiencias que producen resultados no deseados. Por ejemplo,
si queremos aprender a cocinar un determinado alimento, podemos ir probando y,
desde nuestra ignorancia, podremos mezclar el azúcar con la sal, podremos
pasarnos en la cocción o en el horneado, se nos quemará la comida, podrá salir
insípida, salada, desagradable. Y de cada una de esas experiencias podremos ir
aprendiendo hasta ser capaces de hacer un buen plato agradable al paladar. Este
es el camino largo, duro, difícil, que podemos transitar a través de la
experiencia, esto es ganar el pan de vida con el sudor de nuestra frente. Pero
la vida también nos da la oportunidad de aprender de todas aquellas personas,
situaciones, problemas, que no nos afectan directamente, y los fracasos de
otras personas nos muestran los caminos que no debemos recorrer, y los éxitos
nos muestran los caminos que sí debemos recorrer. Pero depende de nosotros la
elección de prestar atención a los fracasos o a los éxitos, a los errores o a
los aciertos, porque la información está disponible en el momento preciso, y
podemos aprovecharla o no, como nos muestra la enseñanza del Maestro Jesús de
que “lo mismo llueve para el justo que para el injusto” (Evangelio según San
Mateo 5:43-48), y de nosotros depende el aprovechamiento que hagamos de ese
agua de la vida, de los dones, recursos y experiencias por las que pasamos en
esta escuela perfecta y maravillosa que se llama vida encarnada, y a esto lo
podemos denominar aprendizaje y evolución.
¿Y si lo que normalmente llamamos
pecados, en realidad fueran errores? ¿Y si observamos que todo lo que llamamos
“pecado” es producto de la ignorancia y, por tanto, es un error? Facundo Cabral
dijo que “si los malos supieran lo buen negocio que es ser bueno, serían
buenos, aunque sólo fuera por negocio”.
Cada vez que estamos sintiendo ira,
furia, rechazo, ya sea que lo expresemos o no a nivel externo, nuestra energía
se hace más densa, más opaca, más oscura, y crea una niebla que no nos deja ver
la realidad, y esa vibración nos hace propensos, vulnerables, a enfermedades,
que no son otra cosa que la expresión física de lo que estamos experimentando
en el nivel mental. Sin embargo, cada vez que damos un paso en el camino de la
sabiduría, de la verdad, somos un poco más libres y un poco más felices.
La comprensión es requisito
imprescindible para poder aceptar. Solo si comprendemos podremos aceptar, y esa
comprensión es sabiduría, que necesita de los procesos de aprendizaje y
verificación a través de la puesta en práctica.
Ningún sufrimiento, ninguna expresión
de ira, de rechazo, de odio, podrá cambiar nada de lo que ya ha ocurrido, pero
sí que influirá sobre lo que pueda ocurrir en el futuro. Y también influirá en
el futuro nuestras expresiones de comprensión, de apoyo, de aceptación. ¿Qué
tipo de actitudes del presente pueden influir más positivamente en el futuro?
Todo, absolutamente todo lo que
ocurre, tiene una amorosa finalidad de evolución, pero somos absolutamente
libres para poder percibirla o continuar en los procesos de ignorancia, rechazo
y sufrimiento.
Aprender de las enseñanzas de la vida
y recordar lo que está guardado en nuestra conciencia, tanto de esta vida como
de muchas otras vidas anteriores, y aplicarlo a la vida cotidiana, es el camino
de la evolución.
Las cinco fases del duelo, según
Elizabeth Kübler Ross (más
info):
-
Negación
-
Ira
-
Negociación
-
Depresión
-
Aceptación
El sufrimiento es la demostración de
nuestra falta de confianza en la voluntad y el amor que nos prodiga Dios, y de
nuestra falta de comprensión de que toda la Creación es perfecta y tiene el
objetivo de ayudarnos a evolucionar, de desarrollar nuestra capacidad de amar.
El punto inicial que nos permite
comenzar a avanzar en el camino de la comprensión espiritual es saber que somos
almas inmortales y que la vida encarnada es una escuela de almas que nos
permite compartir con los demás actitudes, comportamientos, información, en
algunos casos para enseñar, en la mayoría para aprender, y por eso es tan
importante la experiencia de las relaciones, porque son las que nos permiten
experimentar, verificar y aprender a transitar los buenos caminos que nos
llevan a vivir en felicidad.
Todas las personas y circunstancias
que nos quitan la paz son nuestros entrenadores de vida, son los que nos
muestran lo que necesitamos aprender, lo que todavía nos desestabiliza. Gracias
a estas experiencias tenemos la oportunidad de poder tomar decisiones libres
que nos permitan transformarnos, liberarnos de la ignorancia, hacernos inmunes
a estas experiencias, adquirir la maestría de la vida.
Cuando pasamos por experiencias que
rechazamos, cuando huimos de nuestros entrenadores, la vida se encarga de
ponernos nuevos y mejores entrenadores, porque los anteriores no fueron
suficientes. Pero si decidimos quedarnos con unos entrenadores, pero no
aprendimos, la consecuencia inmediata es mantener niveles de sufrimiento cada
vez mayores, hasta llegar a niveles de saturación que nos hagan tomar
consciencia de la necesidad de cambio que necesitamos en nuestra vida.
El respeto hacia los demás solo puede
lograrse si aprendemos primero a respetarnos a nosotros mismos y a hacernos
respetar. Igual ocurre con todas las demás cualidades del alma, y que no son
otra cosa que manifestaciones de amor.
Cuando somos capaces de cambiar la
mirada, el punto de vista en relación con las experiencias de la vida, dejamos
de juzgar, ya no existe lo bueno o lo malo, existe lo agradable, para
disfrutarlo, y lo necesario, para evolucionar. El paso desde lo malo hasta lo
necesario es el proceso interno que ya no nos hace necesario comer del Árbol del
Conocimiento del Bien y del Mal, porque nos permite acceder al Árbol de la Vida,
de la consciencia.
Desde el nivel físico, nuestros
juicios pueden llegar a ser infinitos, pero desde el nivel espiritual, todo,
absolutamente todo, lo podremos valorar como perfecto en esta escuela de almas.
Cuando ocurre una tragedia y unas personas van a ayudar y otros van a robar
podemos comprender que cada persona se encuentra en su nivel, y que todas las
enseñanzas que podemos recibir y entregar, todos los aprendizajes que podemos
adquirir y compartir, se expresan en la vida a través de las relaciones con los
demás.
Más información:
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